LA NATIVIDAD EN CORRIENTES EN LA MEMORIA DE UN CORRENTINO DESDE LEJOS
El pesebre, recuerda a los cristianos el lugar donde fue acostado el Niño Jesús, después de nacer. Parece que fueron los franciscanos quienes establecieron la práctica de reproducir la escena del pesebre en el mundo.-
Levantar un pesebre en las casas y ranchos correntinos, es una práctica devota, que cuenta con un historial lejano en el tiempo y en la fe de nuestro pueblo.- Esta costumbre, que es una de las más antiguas tradiciones correntinas, se repite anualmente en todo el territorio de la provincia y comienza la víspera de Navidad.-La casa o rancho que una vez, por cualquier motivo o promesa, ha levantado un pesebre, debe hacerlo todos los años; por lo menos así lo impone la honda fe del creyente, que lo es casi en su totalidad , la población urbana y rural. No olvidemos que casi todos los pueblos correntinos tienen su origen fundacional en una capilla.-
Se construye el pesebre sobre una tarima decorándola con cartón pintado, papel encolado, ramas de árboles, pequeñas plantas y paja. Hay un arbusto que se empleaba con mucha frecuencia para tal fin, y tal vez por eso recibió el nombre guaraní de Mitá Rupá. De piso un tablado más o menos inclinado, cubierto casi siempre con rubia arena traída de las playas vecinas y sus dimensiones pueden ser de uno a tres metros cuadrados. Las paredes y los techos son adornados con colgajos de papel brillante, cuentas de vidrio, lentejuelas, guirnaldas de papel y de flores; aquí o allá, más cerca o más lejos una fuente, una cascada, un arroyuelo, una colina, un río, una montaña, , caminos, sendas ,atajos, árboles, montes.-
La forma es variada. Los hay redondos, cuadrados, octogonales, rectangulares, que simulan portal o imitan un establo. El buen gusto, el ingenio y la habilidad manual desempeñan una actividad importante en la realización del pesebre y muchas veces, va en ello, el orgullo de la familia. Tal acontecía, allá por el 1900 y pico, con el pesebre de doña Juana Ramona, la paraguaya, y el de la familia Díaz de la calle San Lorenzo y Bolívar, el que visitaba yo de niño, en compañía de mi madre y hermanos.-
El pesebre en sí requería cierta habilidad arquitectónica, tanto como la paciencia del hornerito; pero donde se ponía de manifiesto la verdadera maestría, el buen gusto, el ingenio y la artesanía era en el retablo, y ahí sí se admiraba, conjuntamente con los personajes bíblicos, el suceso del nacimiento. En su cuna de barro, madera, cubierto con primorosos encajes o ñandutí, el Niño Jesús , sonrosada imagen con hoyuelos en el mentón y las mejillas, de bracitos regordetes, levantados en actitud de un abrazo fraterno o en actitud de bendecir; con una pierna recogida y, siempre, recostado en el lugar más visible del pesebre, junto a la cuna un buey y un asno; Más allá un gallo, una oveja; después los Reyes Magos, los pastores, y colgando del techo del pesebre la estrella plateada y reluciente y por todas partes las figuras representativas de pájaros, animales, peces y plantas; a veces una jaula auténtica con pájaros itera: cabecitas negras, calandrias, zorzales, jilgueros y cardenales.
Los juguetes, adquiridos en las casas del ramo y muchas veces llevados desde Buenos Aires, eran de diversos tamaños y distintos materiales: plomo, madera, papel “maché”, etc., pero los había en mayor profusión fabricados en las casas, con tuyutí (greda), semillas, cáscaras de frutas, hortalizas, madera labrada, huesos y otros materiales que sabía aprovechar l artesanía casera. No faltaban los juguetes toscos, que movían a risa, hechos a hachazos como se decía entonces, pero que no dejaban de tener su encanto rústico y hasta conmovedor
Ya listo el Pesebre, para cuya realización se había movilizado toda la familia desde tres o cuatro días antes, era librado a la curiosidad del vecindario y desde las cinco de la tarde del día 24 se lo podía visitar. Entonces frente a él comenzaba el desfile, sin faltar la chiquillería , siempre dispuesta a la travesura, a la risa y a las exclamaciones admirativas.-
Durante las visitas, que se prolongan hasta las tres o cuatro de la mañana del día
25, se obsequiaba a los visitantes amigos con masitas, bebidas, refrescos, naranjadas, chipá, rosquetes, biscochuelo y confituras en general, de fabricación hogareña.-
Los visitantes al entrar, saludaban a los dueños de casa con el consabido : ¡Noche Buena!, cuya respuesta era: “Que la pase Vd. con Dios!”.- Después de mirar y admirar, cuando el visitante se retiraba, era de rigor el cumplido elogio, que se sintetizaba en la expresión: ¡Está muy lindo su Pesebre, doña!”
Durante las horas de la tarde y de la noche, el desfile era interminable, y entretanto las señoras rezaban devotamente largas plegarias, en un monótono murmurar, sin que faltara la moza veinteañera, de voz cálida y ademanes modosos, que cantaba o recitaba un villancico. De esos villancicos, recuerdo imperfectamente uno, que decía más o menos así:
Din do, din don,
Canta la campana,
Con su voz temprana
Llena de emoción.
Din don, din don,
El eco temblando
Se pierde cantando
En la soledad;
Se pierde cantando
En la noche clara
De la Navidad.
Din, don, din don,
De alegres sonidos,
Se puebla la noche
Y el alma se viste
Con lampòs de luz.
Din don, din don,
Titila en el cielo,
Como un gran consuelo,
La divina gracia
Del Niño Jesús
Y entretanto, que las visitas dejaban una casa para ir a otra, se avecinaba la hora de la Misa del Gallo, a la que acudía todo el pueblo, por tratarse de una de las ceremonias religiosas más importantes. Era de verse la iglesia, totalmente iluminado su altar mayor y también su pesebre. Los creyentes colmaban su capacidad, y a la hora indicada, daba comienzo la Misa, que era seguida con devoción por la concurrencia.
Después, ya pasada la medianoche, la infaltable serenata, con violín, flauta y guitarra. En el silencio de la noche surgía la canción cuyas notas llenaban de emoción el corazón ingenuo de la moza a quien estaba dedicada. Así terminaba la Nochebuena para amanecer el 25, la Navidad, y ya pasa la mañana, inmediatamente después del mediodía, se volvían a visitar los pesebres, donde la tertulia se animaba, y solamente se interrumpía para continuar en otro pesebre, y así, de visita en visita, de pesebre en pesebre, de casa en casa, se pasaba el día que se conmemoraba la nascencia del Niño Jesús .-
Alguitas visitas dejaban como regalo uno o más juguetes, y éstos, como los que adornaban el Pesebre, no podían tocarse, ni mucho menos llevarlos, porque eran juguetes del Niño Dios, y por lo tanto, sagrados.-. Debían conservarse hasta el año venidero, aumentando en lo posible su número.-
Los juguetes del Pesebre de la niño Cata, que allá en Derqui, tenían fama de ser los mejores, eran juguetes, según referencias, que de cuarenta años atrás, servían para adornar su ponderado pesebre. Juguetes de plomo, muñecas de loza y aserrín, muñecas de trapo, juguetes de hueso, de tosco palo y de tuyutí, despintados por el tiempo. .. ¡Cuántos, cuantos juguetes salvados por la fe de su creyente dueña, que año, tras año recordaron la Navidad y sirvieron para la alegría de los niños campiriños, que entre avemaría y rosario, tentaban su admirativa curiosidad!
Texto Enviado Por Antonio Alvira, Mercedeño y Presidente del centro de Correntinos del Gran La Plata
FUENTE:www.mimercedes.com.ar